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10 de septiembre de 2016

Noticias del veneno conocido como glifosato

Biodiversidad

“Desde que se adoptó la soja con resistencia a glifosato en Argentina, el área cubierta por este cultivo no ha dejado de crecer y de extenderse a otros países del Cono Sur. Al momento existen 53 millones de hectáreas cultivadas en Brasil, Paraguay, Argentina, Uruguay y Bolivia. Con el incremento de la soja transgénica, se ha incrementado el volumen de glifosato y sus coadyuvantes en este inmenso territorio”, dice la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en América Latina (UCCSNAL). Y el recuento de los daños de este veneno, no deja de documentarse, para descrédito de las compañías productoras de agroquímicos.

Presentamos aquí, gracias a la Red por una América Libre de Transgénicos, un posible balance de los intríngulis de las evaluaciones de la OMS y la FAO/OMS.

Dudas sobre la nueva evaluación que matiza los efectos nocivos del glifosato

Desde mayo se supo que un grupo conjunto de la OMS / FAO revaluaba el glifosato. Y desde entonces hubo denuncias de conflicto de intereses

La Reunión Conjunta FAO/OMS sobre Residuos de Plaguicidas (JMPR) dio a conocer su evaluación, que concluyó que “es poco probable que haya riesgo de que el glifosato sea carcinógeno para los seres humanos, en una exposición a través de la dieta”. El hallazgo contradice una evaluación anterior por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), que lo clasificó como un posible cancerígeno para humanos. Pero hubo denuncias conflicto de intereses en el JMPR.

Carey Gillam escribiendo para US Right to Know, el 12 de mayo, 2016 decía:
Ha pasado un poco más de un año desde un grupo de expertos de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el herbicida más usado en el mundo —el glifosato— es un probable carcinógeno humano.
 Monsanto obtiene más o menos un tercio de sus ingresos (que suman 15 mil millones de dólares anuales) por la venta de sus productos Roundup, marca con la que Monsanto comercializa sus productos basados en el herbicida glifosato, (y gran parte del resto de la tecnología de cultivos tolerantes al glifosato). Desde el anuncio de los resultados del IARC, Monsanto inició acciones para invalidarlos. A través de un ejército de ejecutivos de la industria, profesionales de relaciones públicas y científicos de algunas universidades públicas, la empresa despliega su trabajo contra la IARC y sus resultados sobre el glifosato.
Según Gillam: “El grupo, conocido oficialmente como la Reunión Conjunta de la FAO-OMS sobre Residuos de Plaguicidas (JMPR), se reúne periódicamente para examinar los residuos de plaguicidas en los alimentos y otros aspectos analíticos, para estimar los niveles máximos de residuos, y para revisar los datos toxicológicos y estimar la ingesta diaria admisible (IDA) para los seres humanos”. La idea del grupo es emitir recomendaciones que pasan al Codex Alimentarius de la FAO/OMS que supuestamente “armoniza las normas alimentarias internacionales, para proteger la salud de los consumidores y promover prácticas equitativas en el comercio de alimentos, pero en realidad el énfasis está más en el comercio que en la salud.”

Para Gillam la reunión se producía cuando los reguladores europeos y estadounidenses estaban “dando sus propias batallas y sus propias evaluaciones sobre cómo reaccionar a la clasificación de la IARC”. A esto se sumaba que Monsanto buscaba también tener respaldo a sus demandas sobre la seguridad del glifosato, “pues este herbicida no es sólo una pieza clave para las ventas de la compañía, sino también porque la mayoría de sus semillas transgénicas están diseñados para tolerar al glifosato”.

Al mismo tiempo, la corporación enfrenta demandas por casos de cáncer, demandas laborales y “por contacto con el glifosato”. Se insiste en que “Monsanto conocía los riesgos de este herbicida, y a pesar de ello, lo ocultó”.

Varios grupos ecologistas, entre ellos Amigos de la Tierra y el Consejo de Defensa de los Recursos naturales “han expresado una gran preocupación por que hay conflicto de intereses en ese panel de expertos. De acuerdo a la coalición, algunas personas parecen tener lazos financieros y profesionales con Monsanto y la industria química. La coalición expresó su preocupación por los lazos que algunos miembros tienen con la ONG de relaciones públicas empresariales: el Instituto de Ciencias de la Vida Internacional (ILSI), que está financiada por Monsanto y otras compañías químicas, de alimentos y de medicamentos. El consejo de administración del ILSI incluye a ejecutivos de Monsanto, Syngenta, DuPont, Nestlé y otros, y sus miembros son empresas provenientes de esos sectores”.

De acuerdo con Gillam, “Los documentos internos del ILSI, obtenidos a través de una solicitud de los registros públicos estatales, sugieren que el ILSI ha sido generosamente financiado por la industria de agroquímicos. Uno de los documentos que parece ser la lista de los principales donantes de ILSI 2012 muestra las contribuciones totales de 2 millones 400 mil dólares, de CropLife International y Monsanto”.

Varios expertos de la JMPR están directamente relacionados con el ILSI como Alan Boobis y Angelo Moretto, ambos en altísimos cargos directivos en universidades, hospitales y centros de investigación en Europa, pero también en el ILSI.

La coalición dice que Moretto ha estado involucrado en varios proyectos con el ILSI y ha servido como miembro del equipo directivo de un proyecto del ILSI sobre los riesgos de la exposición a químicos, financiado por empresas agroquímicas que incluye Monsanto”. (1)

La clasificación del glifosato como un posible cancerígeno para humanos es científicamente robusta

En marzo de 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), de la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó al glifosato como “probable cancerígeno para los seres humanos”. El glifosato se utiliza ampliamente en todo el mundo, pero sobre todo en los cultivos transgénicos resistentes a los herbicidas.

En marzo de 2016, la IARC publicó una lista de preguntas y respuestas sobre el glifosato para apoyar y abordar las cuestiones críticas en esta clasificación. Ahí se explicaba que es una clasificación de los peligros, indicativa de la fuerza de la evidencia de que el glifosato puede causar cáncer. Sus conclusiones provienen de pruebas “limitadas” a evidencias de cáncer en seres humanos (exposiciones humanas ocurridas en el mundo real) y pruebas “suficientes” de cáncer en animales de experimentación (a partir de estudios de glifosato “puro”). La probabilidad de desarrollar cáncer depende de factores tales como tipo y extensión de la exposición y la potencia del agente.

La IARC hace hincapié en que no había pruebas “fuertes” para probar su genotoxicidad, tanto para el glifosato “puro” como para las formulaciones que usan glifosato, lo que significa que los efectos cancerígenos no pueden atribuirse exclusivamente a otros productos químicos presentes en las formulaciones con base en el glifosato. Los datos de todos los estudios combinados mostraron una asociación estadísticamente significativa entre el Linfoma no Hodgkin y la exposición al glifosato.

La IARC señala que se observaron cánceres no sólo en los animales expuestos a dosis tóxicas de glifosato, sino que también se observaron en ausencia de toxicidad. Una consideración importante en la evaluación del Grupo de Trabajo de la IARC fue que el glifosato provocó inusuales tipos de tumores, que muy raramente se ven en los animales no tratados.

Mientras que muchos organismos reguladores se basan en datos generados en estudios toxicológicos de la industria, que no están disponibles, la IARC reúne de forma sistemática todas las pruebas pertinentes disponibles en el dominio público para su revisión científica independiente.

La monografía del IARC sobre el glifosato, se basó en el volumen total de unas mil citas bibliográficas y otras fuentes de información.

Es importante tener en cuenta que el reciente hallazgo de la Reunión Conjunta FAO/OMS sobre Residuos de Plaguicidas (JMPR), de mayo 2016 de que es poco probable que exista riesgo carcinógeno para los seres humanos de la exposición a través de la dieta con glifosato, no es contradictoria con la conclusión de la IARC.

La IARC identifica un peligro de cáncer, mientras que la JMPR evalúa el nivel de riesgo para la salud de los consumidores asociados con la exposición dietética a los residuos de plaguicidas en los alimentos.

Los riesgos para los agricultores, trabajadores agrícolas y comunidades rurales expuestas al glifosato tendría que ser evaluado con urgencia, dado el amplio uso de glifosato y la evidencia de efectos adversos para la salud que surgen de los países que han plantado cultivos transgénicos resistentes a glifosato. (2)

Red del Tercer Mundo


El glifosato es cancerígeno

Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en América Latina (UCCSNAL)

Introducción. En los últimos meses se ha desatado un importante debate en relación a la clasificación del glifosato (clasificado hasta el momento como pesticida de baja toxicidad), después de que la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), el centro de investigación de la Organización Mundial de la Salud encargada de estudiar el cáncer, diera a conocer los resultados de una evaluación de este herbicida hecha con base a las evidencias científicas más recientes sobre el tema, y concluyera que es un probable carcinogénico humano.

La importancia de este informe radica en que el glifosato es el herbicida más vendido en el mundo, especialmente desde que se introdujo en el agro la soja, el maíz y el algodón resistentes a glifosato, por lo que considerar a este agrotóxico como un posible carcinogénico, tiene implicaciones económicas muy importantes.

Al mismo tiempo, las conclusiones de la IARC deben ser consideradas por las autoridades sanitarias y ambientales de los países donde se han adoptado los cultivos transgénicos resistentes al glifosato, pues se estaría introduciendo en el campo inmensas cantidades de un químico potencialmente carcinogénico.

En su informe la IARC concluyó que el glifosato es un probable carcinogénico para los humanos, y por lo mismo debe ser clasificado en el Grupo 2A; que hay limitadas evidencias de la carcinogenicidad del glifosato en humanos, y suficientes evidencias de la carcinogenicidad de este herbicida en animales bajo condiciones experimentales. El informe añade que hay fuertes evidencias que el glifosato puede operar a través de dos características claves de carcinogénicos humanos conocidos, y que éstas pueden operar en humanos; específicamente:
1. Que hay fuertes evidencias de que la exposición de las formulaciones basadas en glifosato es genotóxico basándose en estudios en humanos in vitro y estudios experimentales en animales.
2. Que un estudio hecho en varias comunidades de individuos expuestos a formulaciones basada en glifosato se encontró daños cromosómicos en las células sanguíneas. En este estudio marcadores de daños cromosómicos (formación de micronúcleos) fueron significantemente mayores después de la exposición que antes, en varios de los individuos evaluados. 
3. Hay evidencias fuertes que muestran que el glifosato, las formulaciones basadas en glifosato y el ácido aminometilfosfónico pueden actuar para inducir estrés oxidativo (basándose en estudios hechos con animales y en humanos in vitro). Estos mecanismos han sido desafiados por medio de administrar antioxidantes, que anulan el efecto de estrés oxidativo producido por el glifosato.
La UCSSNAL quiere contribuir al debate sobre la carcinogenicidad del glifosato a partir de analizar algunas de las investigaciones hechas en América Latina (especialmente en el Cono Sur) sobre los efectos del glifosato en las poblaciones expuestas a las pulverizaciones hechas con este agrotóxico, y los estudios hechos por los efectos del Plan Colombia, un programa de erradicación de cultivos de coca usando una formulación que contiene glifosato.

El glifosato en América Latina. Desde que se adoptó la soja con resistencia a glifosato en Argentina, el área cubierta por este cultivo no ha dejado de crecer y de extenderse a otros países del Cono Sur. Al momento existen 53 millones de hectáreas cultivadas en Brasil, Paraguay, Argentina, Uruguay y Bolivia. Con el incremento de la soja transgénica, se ha incrementado el volumen de glifosato y sus coadyuvantes en este inmenso territorio.

Por otro lado en Colombia entre los años 2002 y 2010, se habían fumigado un millón 203 mil 874 hectáreas con glifosato para el control de la coca, y se habrían vertido entre 2005 y 2009, más de 15 millones de litros sobre ecosistemas naturales, zonas agrícolas y centros poblados. Como resultado del informe del IARC, el gobierno de Colombia decidió suspender la erradicación de cultivos ilícitos con el uso de glifosato.

Conclusiones: El glifosato (y sus coadyuvantes) es el plaguicida más utilizado en América del Sur, especialmente en las zonas donde se produce soja transgénica con resistencia a glifosato. Este herbicida forma parte de un modelo de producción que ha bañado a la Pampa Húmeda, y otros ecosistemas del Cono Sur y su población, con un coctel de agrotóxicos.

El glifosato había sido clasificado como un pesticida de baja peligrosidad hasta marzo del 2105 cuando Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS lo clasificó como un posible cancerígeno. Estudios realizados desde distintas perspectivas en América del Sur confirman lo propuesto por el IARC.

Los reportes médicos y los estudios epidemiológicos realizados en las zonas productoras de soja con resistencia a glifosato muestran que se están creando cuadros muy complejos, donde los casos de cáncer y otras enfermedades asociadas con los agroquímicos aumentan año a año. También se ha encontrado que la edad promedio de personas que padecen cáncer es de gente cada vez más joven. Adicionalmente, varios estudios muestran que el glifosato es genotóxico, y por lo mismo debe ser retirado del mercado.

Los estudios de Carrasco y su equipo muestran que el glifosato afecta a animales durante el desarrollo embrionario, lo que está asociado con un incremento en la actividad endógena de Ácido Retinoico.

Aunque es difícil determinar que estos cuadros epidemiológicos se deben sólo al glifosato, se debería aplicar el principio de precaución que manda a tomar las medidas necesarias evitar daños en la salud y el ambiente, aun cuando no existan pruebas científicas concluyentes. En este caso, la prohibición del glifosato.

Prohibir el glifosato implica iniciar un proceso de erradicación de todos los cultivos transgénicos con resistencia a herbicidas, los mismos que deben ser prohibidos a corto plazo, y los ecosistemas afectados deben ser restaurados.

El informe completo de la UCCSNAL puede descargarse de www.uccsnal.org
Notas:



Fuente: GRAIN
Licencia: Copia/ reproducción

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