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3 de septiembre de 2016

Las víctimas de trata con fines de explotación sexual cada vez son más jóvenes

Trata de mujeres y niñas/ Foto: AmecoPress y APRAMP
AmecoPress
Madrid, España


Muchas mujeres llegan a Europa embarazadas o con bebés de pocos meses, no porque quieran parir en nuestro continente: son víctimas de violencia sexual en un viaje por un futuro que se oscurece. Muchas mujeres y niñas pasean por nuestras calles y plazas ofreciendo su cuerpo a cambio de dinero: no están trabajando y no pasean libremente, son prisioneras de una jaula invisible que se sostiene con las estrategias violentas de las mafias y con nuestra indiferencia. El sexo se convierte en moneda de cambio. Muchas de estas mujeres son vendidas como esclavas sexuales, son engañadas con promesas de empleo digno y bienestar que se tornan en explotación en burdeles y extorsión para obligarlas a devolver desorbitantes sumas por el viaje que emprendieron. Es la esclavitud del siglo XXI. Hablamos con la coordinadora de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP), Rocío Mora, quien nos explica cómo “vestir de derechos” a estas mujeres que sufren explotación sexual y trata.

¿Qué papel desempeña APRAMP en la lucha contra la trata?

Creo que es una de las organizaciones especializadas que da una atención integral en los ámbitos que las mujeres nos están demandando: social, jurídico y sanitario. Además, una víctima de trata nunca nos va a llamar a la puerta, por lo cual tenemos unidades de rescate, compuestas por profesionales supervivientes de la trata, que tienen una formación especializada, y que diariamente trabajan para romper la esclavitud de esas mujeres y dar información de los derechos que han sido vulnerados.

Trabajamos no solo con víctimas de trata con fines de explotación sexual, también con prostitución coactiva y mujeres explotadas sexualmente. Cada caso requiere un tipo de intervención.

¿Cuánto tiempo lleva conocer la situación de cada mujer, obtener su confianza…?

Lleva tiempo, pero es una labor muy necesaria. Hemos comprobado que cuando conocemos bien, de primera mano, la situación por la que están pasando esas mujeres, es mucho más fácil actuar, darle esa intervención especializada, y para que esa mujer dentro del periodo de restablecimiento y reflexión decida denunciar. Cuando llegamos a ella a través de una desarticulación o una operación policial, es también efectivo, pero cuesta más. Nosotras nos coordinamos con cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, con policía y con una unidad especial que es la UCRIF, pero también con Fiscalía, y es evidente que cuando existe ese trabajo previo las cosas van mejor. En esa unidad de rescate participan 12 mediadoras que están atendiendo a casi 480 lugares cerrados e invisibles -pisos particulares, clubes, saunas- a las que estamos accediendo mediante un trabajo proactivo.

Tardamos de tres a seis meses en informar a las mujeres, conocer su historia, saber si quieren y pueden salir de esa situación. Hacemos una valoración del riesgo, porque están controladas, vigiladas y no podemos cogerlas y traerlas a nuestros pisos sin más. Están dando mucho dinero a esas redes y evidentemente las van a buscar. Nosotras buscamos el momento oportuno y nos coordinamos con las fuerzas de seguridad para rescatar a esas mujeres. Cuando ya han recibido una orientación en el centro integral, piden una intervención determinada. Unas ingresan en nuestro piso, pero muchas lo que necesitan es una atención ambulatoria, en el área sanitaria, en el ámbito jurídico, laboral. De nada sirve dar una información a pie de calle, si no se dan otros pasos. Pasos que ellas piden, que quieren, nunca vamos a dar un paso que ellas no quieren dar.

¿En qué situación viven estas mujeres?

Tenemos que ser conscientes que estas mujeres están sometidas a palizas, cambios de lugar para que estén aisladas, están sometidas 24 horas a trabajos sexuales y a amenazas. Viven en una cárcel, aunque sus paredes sean invisibles y aunque las mafias traten de hacernos creer que son libres, que tienen móvil, que pasean solas por las calles. No es así, están absolutamente controladas, no manejan su dinero, pagan por estar en la calle…Y es fundamental también contar qué pasa en los países de origen. A las mujeres hay que vestirlas de derechos y no desnudarlas de derechos, que es lo que muchos medios de comunicación hacen. Es necesario contar qué está pasando y en ese sentido nos hemos esforzado, junto a Mabel Lozano, en realizar documentales y películas que den voz a las mujeres y cuenten lo que sucede desde el comienzo del viaje, cómo son engañadas, violentadas, amenazadas. España tiene una gran responsabilidad como país de tránsito y de destino de víctimas de trata, pero es importante que en los lugares de origen se asuma la responsabilidad.

¿Cómo operan las mafias?

Hay distintas formas. No es lo mismo cómo engañan a una chica de un pueblo de Paraguay –a las que hay que aclararles que un billete a Europa no cuesta 10.000 euros, para empezar- que cómo coaccionan a las mujeres con creencias como el vudú, en el caso de las mujeres nigerianas. Estamos hablando de mujeres de 39 nacionalidades diferentes, algunas han adquirido deudas de 50 a 80.000 euros, deudas que solo pueden pagar si están sometidas durante años, haciendo 40 o 50 servicios sexuales diarios. Es cierto que existen modus operandi muy claros para captar a las mujeres en los países de origen, pero las estrategias que utilizan las mafias son plurales y están cambiando permanentemente. Nosotras hemos hecho una guía que vamos renovando cada año, con los datos que vamos elaborando a partir de la experiencia de atender a unas 280 mujeres al día. Las redes están muy organizadas y hay muchísimos cómplices cooperantes para que estas mujeres estén esclavizadas.

Creo que a través de visibilizar y concienciar a la gente podemos transformar esa realidad. Sobre todo, no hay que formar a potenciales prostituyentes y hay crear unas relaciones en igualdad entre hombres y mujeres que evite que España sea el tercer país demandante de este tipo de servicios.

“Sin demanda no habría oferta”

Siempre advertís de la relación entre trata y prostitución y argumentáis que sin demanda no habría oferta. Sigue siendo un debate cómo posicionarse con la prostitución, incluso dentro del feminismo.

Me parece fundamental el debate con mucho respeto y no confrontar entre nosotras. Entiendo que pueda haber gente que pueda defender los derechos de mujeres que quieran ejercer la prostitución. Aunque no me parece positivo para ninguna mujer el ejercicio de la prostitución, eso sí, no puedo entender la prostitución como un trabajo más, es totalmente inviable, pero sí que se contemplen todas las realidades. Y estoy a favor de visibilizar a ese demandante, que no puedo considerar cliente, sino que es un cómplice de que la mujer esté esclavizada en pleno siglo XXI. Si no hay demanda, no hay oferta, si no hay demanda de chicas cada vez más jóvenes, así, encima de la mesa, no habría mafias.

Creo que la prostitución significa que yo pago y tengo derecho a entrar dentro del cuerpo de la mujer, sea como sea. Cuando ves día a día testimonios de muchas mujeres que te hablan de tantos y tantos daños, no solo físicos, a los que se han visto sometidas, no puedes asumir que estamos hablando de un trabajo ni de que se hace libremente. La indiferencia de la sociedad hacia mujeres que están enjauladas en plena calle, expuestas a cualquier cosa –insultos, violencia física, presiones- es terrible. Hay testimonios estremecedores, algunos de ellos los hemos recogido en los documentales, con la ayuda de Mabel Lozano. Chicas que quieren salir de esa situación y no conocen el idioma para poder comunicarse y pedir ayuda, chicas que al no poder hablar muestran sus cuerpos, chicas que muestran su situación, dicen “¡sácame de aquí!” y se encuentran con alguien que les dice “¡mejor mándame a otra compañera tuya porque tú hoy no estás bien para ofrecer un servicio sexual!”

Estas mujeres a veces han sido traicionadas por sus lazos más cercanos, sus familias, su comunidad, sus parejas. Han sido designadas por la comunidad y tienen que cumplir lo acordado. La pobreza en los países de origen también las presiona, sus familias, muchas veces dependen de ellas.

Protección a las víctimas

Las organizaciones habéis denunciado en varias ocasiones que el enfoque a la hora de afrontar la trata sigue priorizando la seguridad y la persecución del delito y la inmigración ilegal y no tanto la protección a las víctimas.

Sí, lo que nos encontramos es que todo es poco. Porque mientras se va produciendo ese cambio en normativa, ese cambio en prioridades, los recursos se nos hacen cortos. Seguimos pidiendo la participación de las organizaciones. Existe un marco legal pero no queda claro cuando podemos participar las organizaciones y no siempre contamos con los recursos necesarios. No somos tantas las organizaciones trabajando directamente con las víctimas, en la Red Española contra la trata hay muchas organizaciones, que suman y apoyan, pero no todas tienen asistencia integral a las mujeres. Es fundamental la coordinación y la participación de la sociedad civil.

Se consiguió que se alargara el periodo de reflexión. ¿Es suficiente? ¿Hay presión para que esta mujer denuncie y colabore en la persecución de las mafias?

Las organizaciones tenemos un objetivo claro que es la recuperación de la mujer. El protagonismo debe ser de la víctima, de la mujer. Y eso todavía cuesta. Es importante perseguir el delito. Pero hay que entender que la recuperación de las mujeres es un proceso, lleva tiempo, son muchos elementos y si no lo tienes en cuenta, va a recaer.

¿Qué áreas hay que tener en cuenta para la recuperación?

La salud, regularizar la situación legal, la formación –desde saber un idioma hasta aprender a leer y escribir o formarse laboralmente-, conocer todas las normas y formas de vida de la sociedad española –desde cómo pedir cita en el médico a cómo alquilar una vivienda-, ayudarles a conseguir empleo… En definitiva, dotarlas de herramientas para que sean libres, pero sin ser asistencialistas.

Efectivamente, a veces desde los medios de comunicación contribuimos a que en el imaginario colectivo las mujeres que son o han sido víctimas de trata sean consideradas solo víctimas frágiles, débiles, y, sin embargo, son mujeres muy fuertes, supervivientes, que han pasado por situaciones muy difíciles y han salido hacia delante. En ese sentido es muy interesante el trabajo de las mujeres supervivientes de la trata en la unidad de rescate de APRAMP. ¿Qué aprendes junto a ellas?

Es lo que da eficacia a APRAMP. Son tan fuertes, tienen mucha fuerza, pueden con todo, aprendes mucho, son heroínas, no tienen miedo absolutamente a nada. Van a los juicios, dan la cara, testimonian en documentales. Y efectivamente los medios de comunicación tienen que comprender lo importante que es el lenguaje: no son “pobrecitas”, no son ex víctimas, son supervivientes.

Supervivientes de una cadena de violencia en la que hay muchos agentes implicados y que da mucho, muchísimo dinero cada día.

Sí, hay muchos agentes implicados y todavía mucha indiferencia. Cada vez hay más casos y cada vez están captando a mujeres más jóvenes, más vulnerables. Son niñas y eso es lo que hoy se está demandando. Hay prioridades claras: que la protagonista siga siendo la mujer, que en el rescate siempre haya organizaciones especializadas y también dar mucha importancia a la educación y a la concienciación a través de los medios de comunicación. Y sigue siendo fundamental contar con una Ley Integral contra la trata, porque, aunque el Plan es interesante, siempre va a tener un principio y un final, y la Ley siempre estará ahí. También hay que plantear cambios normativos y en la dotación de recursos para atender la situación de las menores, cada vez es mayor el número de mujeres menores de edad que nos encontramos. La trata es un delito internacional y hay que unirse si queremos acabar con ello, con un enfoque de derechos humanos y género.

Fuente: AmecoPress
Licencia: Consultar en su web

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