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20 de agosto de 2016

¡Esta factura de la luz no puede ser verdad!

¿Por qué sube el precio de la electricidad en vacaciones?
Greenpeace: parque eólico

España
Greenpeace


Cada año, y contra toda lógica, la factura que llega a nuestras casas tras el verano sigue siendo igual o más alta que el resto del año. "¿Pero si he estado todo el mes fuera, cómo es posible?", diréis algunos. "¡Malditas eléctricas!", clamaréis otros. En este caso no es que las eléctricas aprovechen tu relax estival para cobrarte más, valiéndose de que no miras o de que el calor te ha dejado frito el cerebro. La causa es el propio sistema y cómo está configurado (y ahí sí está la influencia de las eléctricas) lo que hace que la factura de la luz sea tan cara en verano.

Pero, ¿cómo funciona? El precio mayorista de la electricidad varía en función de qué tecnologías nos abastecen a cada hora de cada día del año. Se fija a través de un mercado mayorista que cada hora marca el precio con un mecanismo marginalista. Es decir, primero se compra todo el stock de la energía más barata disponible. De ahí se pasa a comprar las más caras hasta llegar a cubrir toda la necesidad de electricidad prevista. Eso significa que las primeras fuentes de energía en acceder al mercado son las renovables (que ofrecen su producción a coste casi cero ya que el viento y el sol son gratis y los costes de mantenimiento y operación son bajos) y la energía nuclear (que externaliza la mayoría de sus costes ambientales). Si hace falta más electricidad para satisfacer toda la demanda, entran en funcionamiento centrales con costes (y emisiones contaminantes y de CO2) mucho mayores como las de carbón o de gas. Al final, todas ellas recibirán por la electricidad vendida al mercado mayorista el mismo precio: el de la última tecnología en entrar, es decir, la más cara. Por lo tanto, cuanto menos energías renovables entren en el mercado, por lo general, mayor será el precio mayorista de la electricidad ya que aumentará la probabilidad de que haga falta utilizar centrales más caras y contaminantes como el carbón y el gas para cubrir las necesidades de electricidad en cada momento.

Prácticamente todos los años en los meses de enero, junio y julio ocurren dos cosas: un aumento de la demanda de electricidad a causa del repunte del frío o del calor (calefacción y aires acondicionados a tope). Y en verano, normalmente, también se da menos viento y menos disponibilidad de agua en nuestros pantanos (centrales hidroeléctricas). Estos dos factores hacen que se haga necesario comprar más energía de fuentes caras y sucias para poder cubrir toda la demanda.

Estarás pensando: da igual, en julio y agosto nos sobra energía del sol, podemos compensar la bajada de otras renovables. ¡No, error! Paradójicamente en el país del sol tenemos muy poca energía solar instalada (4,8 GW): en Italia tienen cuatro veces más (18 GW) y en Alemania tienen ¡¡¡diez veces más!!! (40 GW). Además, desde 2012 casi no se instala nueva capacidad de energía solar en España. Al no tener cómo sacarle partido a la cantidad escandalosa de energía que nos regala el verano, no tenemos más remedio que acudir a centrales térmicas que queman carbón y gas y que, además de subir la factura, empeoran la calidad del aire que respiramos.
Greenpeace: NO al impuesto al sol

El precio que tú pagas en tu factura por la electricidad depende de muchos más factores que el precio mayorista que se establece en el mercado intradiario pero ciertamente cada vez que llega el verano y el viento y el agua menguan, puedes ver el efecto del que estamos hablando reflejado en tu factura.

La solución: avanzar hacia un modelo renovable, que permita abaratar costes y reducir el impacto ambiental. Pero para ello tenemos que luchar contra un sector eléctrico que se ha acostumbrado a dirigir la política energética del país pensando únicamente en garantizar sus beneficios y que es capaz de lograr sacar adelante, junto con el actual Gobierno, despropósitos como el "impuesto al Sol". Ayúdanos a presionar al futuro Gobierno y al resto de partidos para que vayamos a hacia un modelo renovable que beneficie a toda la ciudadanía y no solo a las eléctricas. Ahora es posible lograrlo.


Greenpeace vía email

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