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23 de julio de 2016

Población afrodescendiente lucha por ser tomada en cuenta

Afrodescendientes se sienten invisibles en un país donde persiste un profundo racismo.

GUATEMALA
Louisa Reynolds


La periodista afroguatemalteca Joanna Wetherborn experimentó su primer ataque racista a los 16 años cuando asistía a una nueva escuela y fue víctima de bullying por parte de sus compañeros y compañeras de clase.

“Nadie me hablaba. Fue un martirio. Intercambiaban notitas con dibujitos con formas bestializadas de mi figura”, ella recuerda.

Dos años después, cuando terminó la escuela secundaria y envió una solicitud para estudiar en la estatal Universidad de San Carlos, Wetherborn se enteró de que no era elegible para una beca debido a que el financiamiento solo era disponible para estudiantes mayas y garífunas.

Como descendiente de jamaiquinos que emigraron a la ciudad de Puerto Barrios, cerca de la frontera sur con Belice, en la década de 1920 para trabajar para la empresa bananera estadounidense United Fruit Company, Wetherborn pertenece a la minoría de criollos afroguatemaltecos y no al grupo étnico garífuna, mestizos descendientes de esclavos negros traídos de África Occidental, África Central y de indígenas Carib y Arawak, que viven a lo largo de la costa caribeña de América Central.

“No quise ponerme como garífuna por una cuota y entré a la universidad con un crédito educativo”, dice Wetherborn.

Durante sus años universitarios, Wetherborn se dio cuenta que con frecuencia sus profesores quedaban deslumbrados por su inteligencia y altas calificaciones.

“Les sorprendía mi rendimiento”, señala. “Siempre te encasillan en lo folklórico, quieren que seas la que baila y la que prepara comida con coco. No hablan de nuestros aportes ni de cómo contribuimos a la economía”.

Como muchas otras mujeres guatemaltecas, Wetherborn es con frecuencia objeto de acoso callejero e indica que con frecuencia las mujeres negras son tratadas de una manera particularmente cruel y violenta.

“Me gritan en la calle muy específicamente cómo me van a violar y cuando pasa otra mujer antes que yo, no le dicen eso. Todas las mujeres sufrimos acoso pero con otras no lo dicen de una forma tan vulgar y morbosa porque existe el estereotipo sexualizado de la mujer negra, como caliente, como un ser usable”, indica Wetherborn.

Falta de datos confiables
La minoría afrodescendiente de Guatemala fue oficialmente reconocida por primera vez cuando el gobierno de Guatemala y grupos guerrilleros de izquierda firmaron los Acuerdos de Paz de 1996 que pusieron fin a 36 años de conflicto armado en el que murieron más de 200,000 civiles.

Los acuerdos, que fueron integrados a la Constitución guatemalteca, establecen que “la nación guatemalteca tiene un carácter multiétnico, pluricultural y multilingüe” y que “las partes reconocen y respetan la identidad y los derechos políticos, económicos, sociales, y culturales de los pueblos Maya, Garífuna y Xinca”. Sin embargo, este reconocimiento oficial de la comunidad afrodescendiente excluye a personas negras no garífunas como Wetherborn.

Uno de los primeros pasos dados por el gobierno guatemalteco para abordar los derechos de la población afrodescendiente ha sido la provisión de educación bilingüe en garífuna y español, desde el 2014, en tres escuelas en los municipios de Livingston y Puerto Barrios, en el oriental departamento de Izabal, donde la mayoría de estudiantes son garífunas.

Benneditha Cantahede da Silva, experta en asuntos afrodescendientes y garífunas, sostiene que este constituye un importante paso en dirección a preservar la cultura garífuna en vista que la migración y el temor al ridículo por hablar su propio idioma ha llevado a muchos niños y niñas garífunas a abandonar su lengua materna.

Sin embargo, la ausencia de datos censales confiables sobre la población afrodescendiente hace que sea difícil implementar políticas públicas más amplias para abordar sus necesidades específicas.

Según las estadísticas oficiales más recientes sobre la población afrodescendiente —basadas en el censo del 2002— el número de personas negras en Guatemala es de 5,100, menos del 1% de la población total. Sin embargo, investigaciones llevadas a cabo por varias organizaciones garífunas estiman que la cifra real es más cercana a 200,000, incluyendo unos 10,000 afrodescendientes criollos.

“Un censo es un punto fundamental porque la invisibilización se traduce en la falta de políticas públicas”, señala Cantahede da Silva. “Mientras no sepamos quienes son [los afrodescendientes] y cuánta gente hay, va a ser fantasioso hacer políticas públicas”.

Discriminación racial
Líderes afrodescendientes consideran que a la raíz del problema se encuentra el racismo profundamente enraizado en la sociedad guatemalteca personificado, por ejemplo, en caracterizaciones racistas de personas negras en los medios.

En enero de este año, Jimmy Morales, excomediante que postuló por el derechista y pro militar Frente de Convergencia Nacional (FCN), asumió la presidencia del país. Durante su carrera como actor, uno de los papeles que interpretó, con el rostro pintado de negro y colocándose una peluca afro, era el Pitaya Negro, un personaje que explota estereotipos ofensivos sobre afrodescendientes.

“Es un personaje que se burla de la población afrodescendiente y se metió en el imaginario colectivo con sus chistes sosos. Los guatemaltecos tienen una fobia alrededor de esta población, los tratan de negros sucios y haraganes y hacen chistes sobre ellos”, señala el semiólogo Ramiro MacDonald.

En cumplimiento con los Acuerdos de Paz, el gobierno guatemalteco creó en el 2002 la Comisión Presidencial contra el Racismo y la Discriminación contra los Pueblos Indígenas (CODISRA) para investigar y llevar a juicio casos de discriminación racial.

Sin embargo, las personas afrodescendientes señalan que las voces que no son mayas muchas veces son ignoradas por esta institución.

“CODISRA no es suficiente para resolver toda la situación de racismo que hay. Cuando se habla de la Guatemala multicultural se reivindica la diversidad indígena maya y cuando hablas de otras identidades la gente se molesta y se incomoda. A pesar de que ha habido una cercanía con los indígenas, los espacios que hay son tan reducidos que piensan que si se visibiliza un grupo se le resta espacio a otros”, dice Wetherborn.

La líder garífuna Gloria Núñez de Silva, representante guatemalteca de Afroamérica XXI, organización afrodescendiente latinoamericana, considera que la representación política es la única manera de asegurar que las voces afrodescendientes sean escuchadas, pero las prácticas clientelistas y la gran cantidad de recursos que se necesitan para lanzar una campaña han evitado que las mujeres garífunas postulen como candidatas a cargos públicos. Líderes afrodescendientes muchas veces señalan que políticos negros como Mario Ellington Lambe, quien se desempeñó como ministro de Cultura y Deporte bajo la administración del presidente Óscar Berger (2004-2008), sólo son asignados a ministerios que carecen de financiación y tienen poco peso político.

“Estamos luchando por ser tomadas en cuenta y ser vistas del ombligo a la cabeza y no del ombligo hacia abajo. Uno de los mayores desafíos es la participación política. Como la mujer garífuna no se presta a actos de corrupción se queda al margen porque los puestos se compran. Ser candidata a alcaldesa cuesta medio millón de quetzales [US$ 65,500]”, afirma Núñez.

Fuente: Noticias Aliadas
Licencia: libre reproducción mencionando la fuente

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