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11 de junio de 2013

Nuevos indicios de tácticas de tierra quemada contra la población civil en Nilo Azul

Sudán
Amnistía Internacional

Las nuevas imágenes de satélite y los testimonios llegados desde las zonas del estado sudanés de Nilo Azul que están en manos de los rebeldes muestran que las fuerzas del ejército de Sudán han recurrido a brutales tácticas de tierra quemada para expulsar a la población civil, ha dicho Amnistía Internacional en un informe publicado hoy.

El informe, titulado “No había tiempo de enterrarlos”. Crímenes de guerra en el estado sudanés de Nilo Azul documenta la destrucción de pueblos enteros por los bombardeos aéreos y los ataques por tierra de las fuerzas del ejército sudanés, que han causado muchos muertos y heridos y han obligado a huir a decenas de miles de personas. Muchas de estas personas se enfrentan ahora al hambre, la enfermedad y el agotamiento.

La información recogida por Amnistía Internacional indica que los pueblos de los montes Ingessana, una zona que durante un tiempo estuvo en manos del Ejército de Liberación Popular de Sudán-Norte (SPLA-N), sufrieron numerosas ofensivas de tierra quemada en 2012. Los testigos también hablan de bombardeos en fechas tan recientes como abril de 2013, con muertos entre la población civil, incluidos niños.

“Este ataque sistemático y deliberado de la población civil sigue una preocupante pauta, la empleada por el gobierno sudanés con efectos devastadores en Darfur”, ha dicho Jean-Baptiste Gallopin, investigador sobre Sudán de Amnistía Internacional.

“Atacar deliberadamente a la población civil es un crimen de guerra. Dada la magnitud y la índole aparentemente sistemática de estos ataques, pueden constituir también crímenes de lesa humanidad.”

En el informe también se cuenta cómo algunas personas tuvieron que elegir entre sus hijos y sus padres ancianos para ponerlos a salvo llevándolos consigo.

“Ante los ataques, los bombardeos aéreos y la perspectiva de la hambruna, quienes están en buenas condiciones físicas no tienen más opción que huir, a menudo tras tomar dolorosas decisiones sobre a quiénes de los más débiles abandonarán”, ha añadido Jean-Baptiste Gallopin.

En ocasiones, las personas que no pudieron huir por sufrir alguna discapacidad o por su edad fueron quemadas vivas en sus casas, mientras que en otros las tropas sudanesas y las milicias progubernamentales las mataron a tiros. Además, los soldados y los milicianos saquearon preciadas pertenencias, como el ganado, antes de incendiar las casas de forma sistemática.

Awadallah Hassan, que huyó de su pueblo, Qabanit, en la zona noroccidental de los montes Ingessana, dijo a Amnistía Internacional:

“Mi abuela Weret estaba ciega y no podía correr. [Cuando huimos corriendo] pensamos que alguien se la había llevado consigo [...] [Pero] cuando regresamos al pueblo, a las 5 de la tarde, encontramos su cadáver carbonizado, totalmente negro.”

Al menos ocho pueblos (*) de los montes Ingessana fueron destruidos de esta forma, y sus habitantes quedaron desplazados. Los testigos informaron también de que otros nueve pueblos (**) fueron incendiados, aunque Amnistía Internacional no pudo verificarlo.

La situación humanitaria de quienes quedan en zonas que están en manos de los rebeldes es terrible. Como los civiles no pueden cuidar de sus cosechas por el temor a que los bombardeen, los alimentos escasean. Personas desplazadas dijeron a Amnistía Internacional que a menudo tenían que alimentarse de raíces venenosas para sobrevivir, que mantenían en agua durante días para que fueran comestibles.

La organización documentó más muertes por hambre, enfermedad y privaciones que directamente por violencia. El sufrimiento se ceba especialmente con los niños y los ancianos, la población más vulnerable físicamente.

El gobierno sudanés sigue bloqueando el reparto de ayuda humanitaria a la población civil en las zonas controladas por los rebeldes.

“Al tomar la desmesurada decisión de prohibir la ayuda humanitaria, el gobierno sudanés está causando una vez más muertes entre la población civil y sufrimientos masivos”, ha dicho Jean-Baptiste Gallopin.

“La comunidad internacional no ha ejecutado la orden de detención de la Corte Penal Internacional contra el presidente Omar al Bashir por cargos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos en Darfur. Las violaciones que se cometen actualmente en el estado de Nilo Azul demuestran una vez más que los civiles son los que pagan el precio de no controlar la impunidad por los crímenes de guerra.”

La actual violencia en Nilo Azul comenzó hace casi dos años, tras la secesión oficial de Sudán del Sur de Sudán. El gobierno sudanés lucha contra el SPLA-N, grupo rebelde surgido en 2011 cuando el Ejército de Liberación Popular de Sudán (SPLA) se convirtió en el ejército de Sudán del Sur.

El conflicto armado de Nilo Azul está estrechamente relacionado con el conflicto de Kordofán del Sur, pero ha recibido mucha menos atención internacional, en parte debido a las dificultades logísticas para viajar a la zona.

Amnistía Internacional pide al gobierno de Sudán que ponga fin inmediatamente a los bombardeos aéreos y los ataques por tierra deliberados contra zonas civiles, y que permita inmediatamente acceder a las organizaciones humanitarias.

“Tanto el Consejo de Seguridad como la Unión Africana han estado hasta ahora demasiado preocupados con las relaciones entre Sudán y Sudán del Sur para actuar eficazmente a fin de detener los terribles sucesos de Nilo Azul y Kordofán del Sur", ha dicho Jean-Baptiste Gallopin.

“La posibilidad de que la situación derive hacia un largo punto muerto es sumamente preocupante. La comunidad internacional debe dar a esta crisis de derechos humanos la atención que merece.”

(*) Qabanit, Jegu, Khor Jidad, Taga, Kumrik, Marol, Bau y Fadamiyya

(**) Mirik, Gan, Harra Khamsa Qabanit, Torda, Salban, Filga, Gammar Massoud, Gammar at-Tom y Abu Garin

Fuente: Amnistía Internacional España

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