Publicidad

22 de diciembre de 2011

La hora de las indignadas:

Militares reprimen a mujeres periodistas

Honduras
Carlos Roberto Zelaya


¿¡Que terror, verdad!? En la prensa mundial se asustan y condenan las terribles golpizas con la que militares del Ejército de Egipto se ensañan contra valientes mujeres de ese país, que al igual que las de Honduras, luchan por sacudir de sus espaldas y las de sus hijos, la ominosa dictadura militar que metafóricamente se agazapa tras la piel del Lobo, que cobija el poder.

Pues como alguien comentó, la bendita comunidad internacional se rasga las sotanas porque lo mismo sucedió o peor aún, sigue ocurriendo en Honduras, donde según organismos de DDHH, al menos 47 mujeres fueron violadas por policías y militares durante el régimen del miserable y traidor de "cabeza de ajo", alias Roberto Micheletti.

En materia de Derechos Humanos, la sucesión del golpe de Estado merece un espacio amplio, profundo, por si solo, doloroso y sangriento.

Un régimen que sin necesidad de calificativos o estigmatizaciones peyorativas, ya tiene muy bien ganado su papel y lugar en la historia, con miles y miles de violaciones de derechos humanos impunes, delitos contra la economía y el patrimonio natural nacional.

Con una secuela de crímenes contra connotados luchadores de la resistencia nacional contra el golpe de Estado, fenómeno que desemboca, ahora, no solo en la necesaria refundación nacional, sino que en un proceso más trascendente como lo es el repudio del capitalismo y al neoliberalismo, como patrón de vida y desarrollo nacional.

Verdaderas cascadas de sangre siguen acompañando a las muertes connotadas como las de Emmo o la del cantautor Jerónimo, entre tantos crímenes contra resistentes, defensores de derechos humanos, miembros de la comunidad Lésbico, Gay, Travesti y Bisexual (LGTB) y campesinos.

Pero particularmente y en un capítulo muy aparte, el asesinato de 18 comunicadores sociales o periodistas durante este gobierno, es algo que carece de nombre en la historia de la vida política nacional.

No bastando el repudio interno y externo, el régimen avanzó en quitarse la máscara de encima, recién sucedieron los asesinatos de la periodista Luz Marina Paz Villalobos y la del ingeniero Alfredo Landaverde, cuando el pasado martes 13 de diciembre al mediodía, la Guardia de Honor Presidencial reprimió una movilización pacífica de periodistas, en su mayoría mujeres, que pretendían reclamar frente a la sede de Casa Presidencial fin a la impunidad en 24 asesinatos contra comunicadores sociales desde el año 2003.

Y como todas las violaciones y crímenes cometidos que se adjudican a “cabeza de ajo”, así como las del régimen militar vestido de Lobo, esta nueva agresión, con toletes y gas lacrimógeno, todos permanecen en la más vil impunidad.

O todos los que criticamos estas prácticas asumimos una consciencia y una acción concertada contra esos y otros delitos, no importa la latitud donde se presenten; o buscamos acabar con la complicidad de la ONU, la OEA y EU., entre otros, o todas estas críticas no son más que rasgarnos las sotanas para mostrar que tenemos un poco de supuesta moralidad.

La prensa mediática local y la del imperio contribuyen a crear escenarios de conflicto y nosotros, los hondureños conscientes, descubrimos la necesidad de enlazarnos como grupos sociales, todos de distinto estrato y características política pero con un solo fin, construir el país que verdaderamente represente los anhelos y aspiraciones de todos sus hijos, no el de una pequeña oligarquía antinacional e inhumana.

Carlos Roberto Zelaya es periodista

Fuente: ALAI

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Publicidad