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25 de agosto de 2011

Falsedades, distorsiones y sordera contra las demandas estudiantiles

por Elias Vera Alvarez (Chile)
25/08/2011


Las demandas de los estudiantes y de la ciudadanía respecto del sistema educacional instaurado por la dictadura pinochetista y defendido ahora por sus herederos espirituales en el gobierno, son absolutamente claras y se podrían reducir a las siguientes: 1) Adopción de políticas para una educación de calidad; 2) Reestablecimiento de la educación pública gratuita; 3) Fin del lucro en la educación; 4) Término de la municipalización escolar básica y media y reinserción de ésta bajo la tuición del ministerio de Educación. Las demandan implican un cambio radical del modelo educativo nacional, pero hasta ahora el gobierno se ha limitado a ofrecer 4000 millones de dólares para aumentar la calidad de la educación y mejorar supuestamente las condiciones para el endeudamiento familiar. Las demandas fundamentales son ignoradas absolutamente.

Mientras la movilización estudiantil crece y la extensión del apoyo ciudadano se consolida, el gobierno se limita a tratar de desgastar la movilización omitiendo cualquier respuesta o emitiendo declaraciones oficiales o semioficiales, carentes de toda seriedad y compromiso. Desde el Presidente hacia abajo, los personeros de gobierno o

de la Coalición compiten en justificar su sordera y su obcecación, con argumentos claramente falsos, con divagaciones o sinrazones, expresivas de la inferioridad intelectual que le atribuyen tanto a los estudiantes como a la ciudadanía entera. Sin embargo, tal modo de pensar y de actuar va quedando al descubierto paulatinamente, al tiempo que la verdad y la razón se imponen a favor de los estudiantes.

“No se puede dar educación gratuita a todos porque... “

El ministro de Educación ha rechazado recientemente el concepto de gratuidad en la educación, apelando a un “razonamiento”, al cual otros personeros de derecha, como el senador Espina, por ejemplo, han concedido un gran peso argumental. El ministro ha afirmado que “no se puede dar educación gratuita a todos, porque sería incorrecto que quienes pudieran pagarla no lo hicieran”. Esta argumentación con imaginarias pretensiones éticas, es completamente falsa. Y además, cínica. El ministro no considera para nada, el hecho absolutamente injusto de que junto a esa minoría pudiente a la que apunta, al mismo tiempo exista una mayoría privada de recursos que no puede pagar su educación y que es obligada por el sistema al endeudamiento familiar e individual “per secula” para acceder a la educación. Ni la existencia de esta inaceptable desigualdad social y económica, ni el pauperismo al que la mayoría ciudadana ha sido sometida deliberadamente por el orden neoliberal que él representa.y defiende, no le merecen ni ministro ni al senador Espina, preocupación ética alguna. La perversa transposición valórica que pretenden es ética- e intelectualmente inaceptable.

Por otra parte, tanto el Ministro como el senador, ignoran u ocultan que el concepto de gratuidad en la educación, está indisolublemente ligado al principio de democratización del acceso a la educación, que es el que establece y regula en los países civilizados, la igualdad de oportunidades para todos indiferentemente de los recursos de los individuos. Es el mismo principio que rigió la educación chilena hasta 1973 y que fue abolido por la dictadura de derecha. La gratuidad no tiene que ver con el dinero, sino con la democracia.

Por otra parte, la forma con la cual el Ministro expresa su rechazo a la gratuidad en la educación, evidencia un pensamiento de tintes claramente clasistas y elitistas. Pues... ¿qué es esto de que “no se les puede dar a todos”? ¿Con qué derecho y con qué autoridad el Ministro se atribuye la función de dispensador de favores o prebendas? Los estudiantes no están pidiendo que se les dé, ni que se les regale nada. Están simplemente reclamando el reconocimiento de un derecho soberano y universal y éste no puede ser regalado ni por un ministro ni por un gobierno determinado, sino reconocido directamente por el pueblo soberano o por us instancias representativas.

Son más los puntos que nos acercan que los que nos separan... “

Refiriéndose a las demandas estudiantiles, nuestro “astuto” ministro de Educación ha elaborado una muletilla que repite mecánicamente cada vez que se enfrenta a los medios de comunicación. Esta reza:...”pues son más los puntos que nos acercan que los que nos separan”. No hay ninguna convicción en él cuando la repite, pues el ministro sabe perfectamente que lo que dice es totalmente falso. No aclara cuáles son aquellos puntos misteriosos de coincidencia con las demandas estudiantiles, pero sí sabemos que no son las que los estudiantes y la ciudadanía reclaman. Sobre dichos puntos lo unico comprobable hasta ahora es el contumaz silencio del ministro y del gobierno.

“La aborrecible ideologización del otro...“

En su debido momento, el anterior ministro de Educación, ante su incapacidad para enfrentar la movilización estudiantil y en su afán de desacreditarla, trató de recurrir al socorrido y ridículo expediente de denunciar la presunta “ideologización” del accionar estudiantil. Y no se quedó sólo en eso, sino que yendo más alla, intentó responsabilizar al partido Comunista como supuesto ente manipulador de las demandas juveniles. El ministro trataba de resucitar el fenecido “cuco” comunista de los tiempos de la guerra fría y de los años de dictadura. Y el infantil criterio de que todo aquel que lucha por sus derechos es comunista y subersivo. Como era de esperar, su ingenua e irresponsable estrategia no prosperó y al contrario, el movimiento estudiantil fue concitando un apoyo ciudadano cada día más transversal y más amplio, evidenciando su total independencia de toda ingerencia partidaria e ideológica de cualquier signo. A esta fecha ya ha quedado patentemente demostrado que son el gobierno y la Coalición quienes se mantienen tozudamente aferrados a una posición ideológica y política contraria a los intereses de la juventud y de la ciudadanía, la que los hace absolutamente impermeables a todo razonamiento y sentido común y es la causa fundamental de la prolongación del conflicto.

“La educación, un “¡bien de consumo!”...

Sin duda, ha sido la clásica forma atrabiliaria de pensar de le derecha nacional, la que dio origen a aquella también atrabiliaria afirmación del Presidente Piñera de que “la educación es un “bien de consumo”, con la cual causó revuelo nacional e internacional por su surrealismo. Para el Presidente la educación es un producto elaborado como cualquier otro (¡) y, por tanto, susceptible de ser introducido en el mercado en condición de “mercancía”, colocándola así en la órbita de acción del dinero y sujeta a las leyes de la oferta y la demanda. El Presidente se sienta con total soltura o ignorancia en el hecho de que la educación no es un producto finiquitado, sino un proceso de conocimiento, de socialización y de formación individual que comienza en la cuna y termina en la vida adulta y que este proceso está compuesto de etapas sucesivas con significados particulares.

El mandatario prescinde totalmente de conceptos inherentes a toda acción educativa como calidad formativa y cognitiva, excelencia docente, moral y ética educativas, proyección igualitaria y democrática, principios psicológicos y filosóficos básicos, planes de estudio, políticas públicas, etc. Consecuentemente, sólo un absurdo lógico y dialéctico podría definirla como mercancía. Podríamos decir mucho más propiamente, que la educación es un “bien de derecho común”, “un bien socio-cultural”, “un bien moral” o simplemente, “un derecho social soberano y universal”,. etc., pero jamás concederle carácter de “mercancía” como postula nuestro “ilustrado” Presidente, pretendiendo hacer gala de un acervo cultural que reiterativamente ha demostrado serle ajeno.

“La condenable violencia y destrucción... ”

Desde el comienzo de la movilización estudiantil, todos los esfuerzos oficiales y mediáticos han estado orientados a intentar identificar las marchas y las protestas pacíficas de los jóvenes, con actos de violencia y destrucción. Es muy cierto que acciones de este tipo han ocurrido, preferentemente, al finalizar dichas protestas, pero no han sido planificadas por la dirigencia estudiantil, sino realizadas por elementos ajenos a los estudiantes: los famosos encapuchados... Y todo el país sabe que incluso algunos de ellos han resultado ser nada menos que carabineros infiltrados.

En las imágenes mostradas por la televisión de algunos de dichos actos de destrucción, hemos podido observar que la destrucción realizada en el interior de ciertos locales, no corresponden al lanzamiento de piedras por estudiantes exasperados, sino a trabajos de vandalismo concientemente ejecutados. Ello nos ha traído espontáneamente a la memoria, las acciones de las bandas del lumpen organizado, que en tiempos de Allende, asaltaban por las tardes el centro de Santiago armados de piedras, palos, neumáticos y otros elementos contundentes, y se dedicaban a paralizar el tráfico, a ocasionar desmanes y destrozos de toda clase y a enfrentar violentamente a las fuerzas de orden. Eran las avanzadillas de la extrema derecha destinadas a crear en las calles un clima de caos, de inseguridad y de desgobierno, preparatorias del golpe de Estado.

En este momento toda estrategia tendiente a identificar la movilización estudiantil con vandalismo y destrucción, se puede considerar completamente fracasada. La conciencia ciudadana tiene perfectamente claro que las protestas estudiantiles son netamente pacíficas y un mérito propio de los jóvenes a este respecto, es la gran creatividad que están demostrando al dar a sus protestas múltiples expresiones culturales, donde no tienen cabida ni los encapuchados ni el vandalismo.

En resumen, muchas son las pruebas que avalan el hecho de que el gobierno no está actuando ni con seriedad ni responsabilidad frente al movimiento estudiantil. Incluso, podemos hablar de una desidia que arriesga la vida de los estudiantes que se mantienen en huelga dse hambre.Y es difícil comprender qué se pretende con ello. Al parecer, la caída vertical del Presidente y del gobierno en la apreciación de la opinión pública no se detendrá mientras subsista el conflicto estudiantil y éste siga consolidándose en la conciencia ciudadana. La única conclusión posible es que el gobierno y la derecha se sienten aterrorizados ante la eventualidad de cambios que obliguen a tocar el sagrado cuerpo del Mandato General de Servidumbre y Expoliación del Reyno de Chile, más conocido como Constitución Política de 1980. Pues, es allí donde se origina, se estructura y articula todo el poder político y económico de la derecha nacional. La paralización que dicho terror les ocasiona, les hace incluso posponer u olvidar todas las estrategias conducentes a mantener el poder en las elecciones presidenciales de 1914. Mientras tanto, todo cuanto refiere a reformas constitucionales o plebiscitos debe continuar siendo demonizado.

Fuente: piensaChile.com

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