José Antonio San José
23/04/2011
La verdad es que no para. Hay que reconocerle el extraordinario mérito de no perder ocasión para hablar y que suba el pan. Un portento el suyo, capaz de criticar al Gobierno de España, y a España en su conjunto, allá donde va, sin desfallecer nunca en el intento.
osé María Aznar López, expresidente del Gobierno, se ha convertido en un afamado propangandista de los, a su juicio, horrores que se viven en el país. Da igual que su audiencia sean universitarios americanos despistados, que conspicuos representantes económicos o fieles entregados a su causa y su persona; sin defraudar nunca a su auditorio, lanza sus invectivas contra Zapatero, y por ende contra el Gobierno, y casi por ende, contra el país; con una dureza dialéctica digna de mejor causa.
Ni una sonrisa
No sonríe (es el Van Morrison de la política sin la genialidad irrepetible del irlandés), no se muestra humano y nunca deja de exhibir una cara de perpetuo cabreo que pude proceder de una úlcera de duodeno o de la bilis que le produce ver a un socialista ocupando la presidencia del Gobierno. Con una notable falta de empatía, lo mismo es capaz de llamar “amigo extravagante” a Gadafi, cuando los principales líderes de la UE y el presidente de EE.UU. exigen su salida inmediata del poder, que advertir al mundo sobre los inminentes riesgos de la economía española cuya solvencia pone en duda sin despeinarse con todo lo que ello comporta. Así es el hombre: duro como el pedernal y recio como el campo castellano.
Escaso patriotismo
Llama la atención, sin duda, que quienes hacen continuas apelaciones al patriotismo inviertan tan poco tiempo en aplicarse las recetas que propugnan. No se trata de que Aznar sea leal con el presidente de su país, que tampoco estaría de más habida cuenta que el cargo lo ocupó él con anterioridad, sino de que lo sea con su nación y con el conjunto de los ciudadanos. Predicando el Apocalipsis en las tribunas hace un serio daño a la sociedad española en su conjunto, porque no es un ciudadano más y sus opiniones obtienen una amplificación directamente perjudicial a su audiencia. Especialmente entre los sectores financieros que escuchan sus dudas acerca de la posibilidad real del país para hacer frente a su deuda.
Envidia foránea
No sé ustedes, pero yo siento una nada sana envidia, cuando observo como en otros lugares, singularmente en los Estados Unidos, la figura de los expresidentes cobra una especial relevancia, especialmente en situaciones de crisis. No importa quien le haya ganado a quien, ni cual es el grado de afecto en sus relaciones personales, porque a la hora de la verdad la nación americana está por encima de todo y el patriotismo bien entendido lo llevan en los genes. Republicanos y demócratas colaboran conjuntamente ante la llamada del presidente de su país y en las intervenciones que realizan, dentro y fuera de sus fronteras, siempre tienen como línea argumental de referencia la defensa de su política, su cultura y sus valores. Igual que aquí. Igualito que Aznar López, ese hombre que se viste por los pies, siempre dispuesto a despotricar contra lo de todos en la convicción de que así es mejor para él. Altura de miras, lo llaman. 20/04/2011
Ni una sonrisa
No sonríe (es el Van Morrison de la política sin la genialidad irrepetible del irlandés), no se muestra humano y nunca deja de exhibir una cara de perpetuo cabreo que pude proceder de una úlcera de duodeno o de la bilis que le produce ver a un socialista ocupando la presidencia del Gobierno. Con una notable falta de empatía, lo mismo es capaz de llamar “amigo extravagante” a Gadafi, cuando los principales líderes de la UE y el presidente de EE.UU. exigen su salida inmediata del poder, que advertir al mundo sobre los inminentes riesgos de la economía española cuya solvencia pone en duda sin despeinarse con todo lo que ello comporta. Así es el hombre: duro como el pedernal y recio como el campo castellano.
Escaso patriotismo
Llama la atención, sin duda, que quienes hacen continuas apelaciones al patriotismo inviertan tan poco tiempo en aplicarse las recetas que propugnan. No se trata de que Aznar sea leal con el presidente de su país, que tampoco estaría de más habida cuenta que el cargo lo ocupó él con anterioridad, sino de que lo sea con su nación y con el conjunto de los ciudadanos. Predicando el Apocalipsis en las tribunas hace un serio daño a la sociedad española en su conjunto, porque no es un ciudadano más y sus opiniones obtienen una amplificación directamente perjudicial a su audiencia. Especialmente entre los sectores financieros que escuchan sus dudas acerca de la posibilidad real del país para hacer frente a su deuda.
Envidia foránea
No sé ustedes, pero yo siento una nada sana envidia, cuando observo como en otros lugares, singularmente en los Estados Unidos, la figura de los expresidentes cobra una especial relevancia, especialmente en situaciones de crisis. No importa quien le haya ganado a quien, ni cual es el grado de afecto en sus relaciones personales, porque a la hora de la verdad la nación americana está por encima de todo y el patriotismo bien entendido lo llevan en los genes. Republicanos y demócratas colaboran conjuntamente ante la llamada del presidente de su país y en las intervenciones que realizan, dentro y fuera de sus fronteras, siempre tienen como línea argumental de referencia la defensa de su política, su cultura y sus valores. Igual que aquí. Igualito que Aznar López, ese hombre que se viste por los pies, siempre dispuesto a despotricar contra lo de todos en la convicción de que así es mejor para él. Altura de miras, lo llaman. 20/04/2011
Antonio San José es periodista y analista político
Fuente: elplural.com
Licencia: Creative Commons
seamos moderados ¿no? pero yo me pregunto una cosa, si tenemos a una persona como Aznar, que es objetivamente imbécil, quiero decir, imbécil de corto, de alguien que tiene pocas luces, entonces ¿que podemos decir de los cientos de miles de personas, quizás millones, que dicen, convencidos, amén a todo lo que escupe este tarado?
ResponderSuprimirQUE ESTAMOS PERDIDOS, SIN DUDA.
un abrazo
peter
Sin duda, Aznar puede ser corto cortísimo; sin embargo pienso que todo lo que dice lo hace de forma premeditada para hacer el mayor daño posible; es pura maldad, alimentada por una envidia feroz.
ResponderSuprimirY tienes razón, con un personaje así y nadie que se atreva a chistarle, estamos más que perdidos. No estamos.
Un abrazo
Rita
Siempre pensé que era un hombre oscuro que en circunstancias favorables a desarrollar las ideas de sus discursos podía dejar una huella tenebrosa.
ResponderSuprimirCada vez estoy más convencida de ello. En una "aparente sombra" maneja muchos hilos que nadie de su partido quiere cortar, algo tejerán con ellos. Yo no consentiría un personaje así representando en un partido democrático sea cual sea su ideología.
Besos
Teresa
Sin duda, un personaje siniestro y digno de estudio. Maquiavélico. De los que se siente poca cosa, pero les gusta hacerse notar a costa de lo que sea.
ResponderSuprimirServil con los poderosos y tiránico con quienes cree que son (somos), inferiores.
En fin, como tú dices, un ser oscuro y diabólico.
Un abrazo
Rita