9 de agosto de 2010

¿Quién me regala una guerra?

RAFAEL FERNANDO NAVARRO

Necesito una guerra. Como entonces. Allá por el treinta y seis. Con su dolor y sus muertos. Sus tapias y sus cunetas. Un olvido de piedra resistiendo las cornadas del tiempo. Muchos hijos sin padres. Muchos padres sin hijos. Federicos por alhambras morenas de verdes lunas. Tuberculosis para migueles amamantados con nanas de cebollas. Madres con llanto estéril entre las piernas. Niños que nunca fueron hombres por una bala certera. Necesito una guerra. Como entonces. Cuanto antes. Con paseíllos para encontrar la muerte en los amaneceres de Granada, de Burgos, de Sevilla. Quiero Guernicas calientes. Curas dispensando resignación y promesas de cielos con querubines azules. Obispos imponiendo penitencias de muerte a los que cometieron el pecado de ser republicanos. Previsiones de pensamiento ahorcado para cuarenta años por lo menos. Por lo menos garantías de que nadie disfrute libertad durante mucho tiempo. Hasta que se consume la basílica en los montes madrileños y descanse en su gloria el cruzado bajo el palio de una indulgencia urbi et orbi. Paccellis, Gomás, Seguras, Guerras-Campos. Orlas con título de cruzada para colgar en los jardines del Pardo. Trincheras exorcistas de comunismos ateos. Y montes, muchos montes de Sagrados Corazones para consagrar la España grande y libre.

Necesito una guerra. Como entonces. Me la aconseja Ignacio Sánchez Cámara, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Coruña. Asegura que hay que cambiar al Gobierno por ilegítimo, porque “ha roto la concordia y con ella la posibilidad de la convivencia y de la legitimidad democráticas”. Esa ilegitimidad equivale a la representada por la Segunda República ante la que no cupo otro remedio que la Guerra Civil. “La República nunca llegó a ser un régimen legítimo”, insiste. “Aún suponiendo que lo hubiera sido en la primera hora, desde luego pronto dejó de serlo, como muy tarde en 1934” Por eso el debate sobre si la Guerra Civil pudo ser evitada es “ocioso”. “El camino tomado en 1931 y, sobre todo, en 1934, conducía a ella a menos que se rectificara el rumbo y se restaurara la concordia”. “El problema del socialismo es que su doctrina del poder le hace incompatible con el principio de la legitimidad democrática. De ahí la tentación revolucionaria, es decir, totalitaria, que siempre padece el socialismo”. “Renegar de la Transición y reivindicar la legitimidad de la Segunda República” es una “terrible irresponsabilidad” porque rompe “la concordia” y destruye “las posibilidades de convivencia y de legitimidad democráticas”. A Sánchez Cámara le acompaña en esta visión pro-guerra civil Benigno Pendás, ambos incrustados en la Asociación de Propagandistas Católicos y contertulios de la COPE, presidida, bendecida y chorreada de agua bendita por Rouco Varela.

Necesito una guerra. Como entonces. Con su dolor y sus muertos, sus tapias y sus cunetas. Cuando nos sobraban Francos y Yagües, Queipos y Moscardós

Ahora sólo tenemos, porque viven y perviven, muchos Gutiérrez Mellado. Pequeñitos, con su bigote blanco, pero verticales frente a pistolas negras y charoles de Tejeros apóstatas. Una Ministra firme como un ciprés. Carmen se llama y nació de las urnas y los votos. Parió el pueblo un gobierno socialista. Alumbramiento buscado y deseado como un hijo. Hasta que el pueblo-padre-madre quiera. Sobran sindicatos del crimen, camisas azules, correajes. Hemos descabalgado a los Sánchez Cámaras y Pendás, a Roncos y Martínez Camino. Están en almacenes acompañando a caudillos destronados, envueltos en crespones negros y nostalgias.

Ya nadie regala guerras. Claveles, sólo claveles, suplantando fusiles enterrados.
07/08/2010


Rafael Fernando Navarro es filósofo
Blog de Rafael Fernando Navarro

Fuente: elplural.com
Licencia: Creative Commons

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