31/10/2009
No hay una crisis sino una yuxtaposición de tragedias que enfilan nuestro sistema de vida hacia una situación irrespirable. Ya han pasado los grandes apuros del sistema financiero. Los dueños del universo sacan otra vez pecho y se preparan para seguirse repartiéndose el botín, en una economía de casino en la que el sector productivo sólo es el pretexto de grandes operaciones de especulaciónn. Los ingenieros genéticos de la economía están en los laboratorios diseñando nuevos productos financieros, irresistibles por su falsedad, pero prácticos para el juego de la pirámide. Ellos nunca pierden y nunca perderán: cuando las cosas vienen bien dadas se quedan con el botín, se seleccionan entre ellos mismos para repartírselo y se disfrazan con ropas caras para que la dignidad de su cargo impostado sea un referente de distancia que asuste a sus subalternos. Los ricos asustan por sus ademanes: ellos lo saben.
Mientra tanto, los poros de la corrupción inherente a este sistema económico están soltando un pus que convierte la atmósfera cotidiana en irrespirable. El hombre común se pregunta cómo es posible que todo fuera un espejismo. Debe haber algunos ricos honrados, pero cuesta mucho distinguirlos en este maremágnum de enriquecimiento súbito en el que los listos ni siquiera disimulan su condición de acaparadores.
La socialdemocracia está ausente. Los gritos de Zapatero con los poderosos han sido pura retórica de fin de semana. ¿Alguien puede explicar por qué el Boletín Oficial del Estado no ha desahuciado las hipotecas con “suelo”, ha desacreditado las “malas prácticas bancarias” que han atado con contratos leoninos y malintencionados a las PYMES, con seguros de tipo de interés que ahora son la horca de las empresas? ¿Alguien sabe porque tenemos que salvar a los bancos y el Estado no nos ampara frente a ellos?
El espectáculo de Caja Madrid es la escenificación de la obscenidad. Hay una casta de individuos que ya no pueden conducir su propio coche. Ignacio González, Luis de Guindos, Rodrigo Rato han sido ya cooptados para no pasar trabajo el resto de su vida, porque forman parte de la élite de los elegidos por ellos mismos. ¿Cuánta gana el presidente de Caja Madrid? ¿Quién se va a quedar el coche que mandó comprar Miguel Blesa este mismo año por un importe de quinientos mil euros (82 millones de pesetas)? ¿Entidad financiero benéfica?
¿Quien dijo que en España había cuatro millones de parados? Cómo es posible que tanta gente asista al escándalo de “la Gürtel”, a los chorizos ejemplares de la operación de Santa Coloma de Gramanet, al saqueo de Millet, a los escándalos de Baleares o de El Ejido sin exigir una catarsis general que certifique que este mundo hediondo que ha promovido la crisis no será gestionado por los mismos que la han potenciado?
¿Por qué nos tenemos que fiar de Rodrigo Rato si estaba en el FMI cuando se cocía esta tragedia y salió corriendo sin dar explicación? ¿Quién es Ignacio González sino el muñidor del leninismo de derechas de Esperanza Aguirre que pasa por encima de las instituciones como si fuera una apisonadora? ¿No hay una persona normal, preparada, sin ambiciones desmedidas para hacer un papel honrado y digno en Caja Madrid, con una retribución razonable? ¿Es necesario que todos ellos se hagan ricos?
Cerrar esta crisis global sin cambiar las cosas, sin poner las cosas en sus sitio, significa confiar en que los que están abajo nunca van a perder la paciencia. Ojo con la ira de los humildes frente al escaparate de los desaprensivos.
La socialdemocracia está ausente. Los gritos de Zapatero con los poderosos han sido pura retórica de fin de semana. ¿Alguien puede explicar por qué el Boletín Oficial del Estado no ha desahuciado las hipotecas con “suelo”, ha desacreditado las “malas prácticas bancarias” que han atado con contratos leoninos y malintencionados a las PYMES, con seguros de tipo de interés que ahora son la horca de las empresas? ¿Alguien sabe porque tenemos que salvar a los bancos y el Estado no nos ampara frente a ellos?
El espectáculo de Caja Madrid es la escenificación de la obscenidad. Hay una casta de individuos que ya no pueden conducir su propio coche. Ignacio González, Luis de Guindos, Rodrigo Rato han sido ya cooptados para no pasar trabajo el resto de su vida, porque forman parte de la élite de los elegidos por ellos mismos. ¿Cuánta gana el presidente de Caja Madrid? ¿Quién se va a quedar el coche que mandó comprar Miguel Blesa este mismo año por un importe de quinientos mil euros (82 millones de pesetas)? ¿Entidad financiero benéfica?
¿Quien dijo que en España había cuatro millones de parados? Cómo es posible que tanta gente asista al escándalo de “la Gürtel”, a los chorizos ejemplares de la operación de Santa Coloma de Gramanet, al saqueo de Millet, a los escándalos de Baleares o de El Ejido sin exigir una catarsis general que certifique que este mundo hediondo que ha promovido la crisis no será gestionado por los mismos que la han potenciado?
¿Por qué nos tenemos que fiar de Rodrigo Rato si estaba en el FMI cuando se cocía esta tragedia y salió corriendo sin dar explicación? ¿Quién es Ignacio González sino el muñidor del leninismo de derechas de Esperanza Aguirre que pasa por encima de las instituciones como si fuera una apisonadora? ¿No hay una persona normal, preparada, sin ambiciones desmedidas para hacer un papel honrado y digno en Caja Madrid, con una retribución razonable? ¿Es necesario que todos ellos se hagan ricos?
Cerrar esta crisis global sin cambiar las cosas, sin poner las cosas en sus sitio, significa confiar en que los que están abajo nunca van a perder la paciencia. Ojo con la ira de los humildes frente al escaparate de los desaprensivos.
Carlos Carnicero es periodista y analista político
Fuente: elplural.com
Licencia: Creative Commons
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